En tan solo un mes, las
cosas entre Carlos y Nohemí habían cambiado, no hablaban como antes, pero se
seguían queriendo. Como ella no tenía celular, él no tenía a donde llamarla,
así que esperaba su llamada y cuando eso sucedía, conversaban media hora o
menos. Después de toda la tormenta
que afectó su relación, en vez de mejorar, parece que empeoraba.
En aquellos 30 días Nohemí
empezó a tener una amistad con Antonio, quien ya no insistía para casarse y su
familia tampoco. Mientras Carlos, por su parte, ya no hablaba mucho con Lizeth,
debido a que ella se volvió a cambiar de colegio lo que le ocasionó una pequeña
soledad. Sin embargo al hablar con Nohemí aunque sea media hora, se ponía
mejor.
Los días pasaron y
llegó el mes de octubre, el día once de ese mes, Nohemí llamó a Carlos para
desearle un feliz aniversario, siete meses de estar enamorados, y como decían,
de estar juntos.
-Ay
Carlos, yo también te quiero mucho -dijo Nohemí con una voz apagada.
-Nohemí estás muy extraña, ya no hablas
como antes ¿te pasa algo? –interrogó Carlos.
-Es que te necesito y te extraño.
-Yo también mi amor pero…
-Disculpa Carlos ya no tengo saldo tengo que colgar.
-Hablamos después te amo.
-Yo también te amo chau.
La llamada desde aquel
viejo teléfono público finalizó. Nohemí regresó a casa con la cabeza baja y
pensativa. En tanto Carlos dejó el celular en su cama y se echó a dormir.
El diecisiete de ese
mes, Nohemí le escribió un mensaje a Carlos, en donde le decía que estaba muy
triste porque no hablaban como antes. Y le decía que lo extrañaba mucho. El
joven solo atinó a leerlo una y otra vez durante casi toda la noche.
Él deseaba conversarle,
expresarle lo que sentía y como siempre, soñaba con volver a verla. Ella
pensaba en él y no deseaba dejarlo, también soñaba con su reencuentro, el amor
que se había desarrollado a temprana edad era muy fuerte, pero parece que tendría
que esperar…
Nohemí ya había tomado
sus decisiones; no había vuelta atrás, el tiempo de consolación que le dieron ya
había llegado a su límite y las medidas para su felicidad habían de tomarse;
lamentablemente esto haría una herida muy grande en ambos. Sin embargo, todo lo
que ella hizo… lo hizo pensando en el bien de su amado… algo que solo se
entendería con el tiempo.
*
* *
22 de Octubre del 2008…
(9:30 PM)
Casi dos horas y no
podía terminar su tarea; la matemática nunca fue el curso favorito de Carlos,
así que cerró su cuaderno y se quedó pensando en su amada cuando de repente
ella lo llamó.
-Hola… ¿cómo estás? -preguntó Nohemí.
-Bien amor, creo que te llamé con el pensamiento. ¿Cómo
estás?
-Bueno… mmm… bien.
-¿Te pasa algo?
-No, estoy bien. No te preocupes.
-Te noto algo rara.
-Quería contarte algo, pero…
-¿Pero qué?
-Mejor te lo digo otro día.
-No, espera, dímelo.
-Mejor otro día. Chau
-¡Espera…! -gritó Carlos mientras se dio cuenta que la
llamada había finalizado.
Estaba sorprendido y
con un mal presentimiento de aquello que quería decirle. Sentado en su
escritorio solo la imaginó a su lado.
Minutos después, Nohemí
le envió un mensaje a Carlos desde el celular de Luisa en donde le decía:
“PERDONAME POR FAVOR”. Así que él respondió y le decía que le dijera lo que le
sucedía. Ella le volvió a escribir y le decía. “PERDONAME POR LO QUE TE VOY A
DECIR, Y NO DUDES QUE TE QUIERO”.
En ese momento, lo
llamó.
-Dime qué pasó -dijo el enamorado.
-Carlos, es que…lo que pasa, es que yo… -los labios de la
joven se paralizaban y balbuceaban.
-¿Qué cosa? -preguntó con desesperación.
-Antonio…-hizo una pausa, respiró y luego continuó-. Me
besó.
Bajo silenciosa y
repentinamente dejando un rastro de dolor. Aquella lágrima era el principio del
suplicio para aquellos jóvenes.
-Por favor, perdóname -siguió diciendo la joven.
-Y tú… ¿le correspondiste?
-Yo… sí.
Las compañeras de
aquella gota de angustia salieron tras de ella. El cuerpo de Carlos se puso frio
y se llenó de desesperación.
-¿Por qué Nohemí? ¿Por qué lo hiciste?
-Carlos, por favor perdóname, no quise hacerte daño.
-¿Acaso ya no me amas?
-Yo sí Carlos… pero…
-¿Pero qué? ¿Acaso lo has empezado a querer?
-No Carlos yo te quiero a ti.
-¿Cuándo pasó eso?
-El domingo, por la tarde.
-Cuéntame cómo pasó por favor.
-El domingo por la tarde, Antonio iba a regresar a
Trujillo, nos habíamos hecho amigos, y nos estábamos despidiendo. De pronto, él
se me acercó, y yo… lo miraba, se me acercó mucho y luego, me besó… y yo… yo no
hice nada, no sé… no sé por qué, yo acepté ese beso.
-¿Quién… quién iba a ser el primero en darte un beso
Nohemí?
-Tú Carlos, por favor perdóname. No te pido que me sigas
amando, sé que tienes derecho a dejarme porque te fallé.
-Solo dime la verdad, ¿tú me amas como antes?
-Creo que, la verdad, como antes… no.
El empezaba a llorar
aún más.
-Es mejor que ya no hablemos y que esto, quede aquí.
Perdóname por lo que hice, no me guardes rencor… yo… -la joven empieza a llorar
y con mucha pena dice: Adiós.
-Espera Nohemí…
Aquella escena se le hizo
conocida; ella cortó la llamada y apagó el celular de su hermana. Él empezó a
llorar como nunca antes, pensando qué fue lo pasó.
-¿Por qué Nohemí actuó así? -empezó a preguntarse-. ¿Acaso
ha terminado conmigo? ¿Pero por qué? No… esto no puede quedar así.
Llamó al celular de
Luisa y supo que estaba apagado. Llamó a otros celulares de su familia que él
sabía, más no contestaban. Entonces, encerrado en su cuarto no paraba de
llorar.
Luego de unos minutos,
Nohemí volvió a llamar.
-¿Llamaste al celular de mi hermana?
-Sí, y es que esto, no puede quedar así.
-Es que yo te fallé.
-Solo dime, ¿me sigues amando?
-Yo, no lo sé…
-¿Recuerdas que tenías que hacer?
-Sí lo recuerdo.
Le pidió que imaginara
sus respuestas a las preguntas de la anterior ocasión y ella dijo lo mismo.
-¿Qué es lo que sientes?
-Te amo Carlos.
-¿Cómo antes?
-Sí, como antes. Por favor perdóname.
-No lo vuelvas a hacer.
-No lo haré.
-Como
no lo amas, no fue un beso de amor.
-El beso que me des algún día, sí lo será.
Sin embargo seguía muy
extraña y Carlos lo notó, por lo que preguntó.
-¿Estás bien?
-Estoy así por lo que pasó, siento que te engañé.
-Ya olvídate, yo te perdono.
-Gracias, pero tengo que colgar mi hermana no tiene mucho
saldo en su celular, ¿crees que me puedas llamar mañana a eso de las once de la
noche? Ahora ya no puedo hablar.
-Está bien, pero antes dime, ¿te sigues viendo con Antonio?
-No… ya no.
-Mejor ya no lo veas.
-No lo haré amor, chau.
-Chau, cuídate.
El falso consuelo fue
temporal. El joven iqueño no estaba tranquilo; tenía miedo de quedarse sin
ella. Y toda esa noche no dejó de llorar.
Había amanecido, tenía
los ojos hinchados, no salió de su cuarto hasta la tarde para ir a la escuela. No
saludó a nadie y se sentó en su lugar sin decir nada; sus compañeros lo
quedaron observando. Alberto se le acercó y le preguntó si estaba bien, pero el
joven solo dijo: “no deseo hablar, déjame solo”.
Llegó la noche y
Carlos llamó a Nohemí.
-Hola amor, ¿cómo estás?
-Sí… bien.
-¿Segura?
-Sí, sí, tú ¿cómo estás?
-Yo en realidad, no tan bien. No me gusta la forma como me
hablas.
-Carlos, estoy bien ya.
-No, no lo estás, ¿qué te pasa?
-¡Nada!
-¿Por qué gritas?
-Esto no puede seguir Carlos.
-¿Por qué?
-No me siento bien hablando contigo.
-¿Qué?
-Discúlpame pero esto no puede seguir.
-Nohemí, ¿qué te pasa? ¡Cálmate! Por favor, ¿qué tienes? -decía
mientras empezaba a llorar.
-Ni yo lo sé, no sé qué pasó, no sé qué… -hace una pasa y
cierra sus ojos-. No sé por qué lo besé.
-Nohemí por favor olvídate de eso, ¿acaso quieres acabar
con todo esto? ¿Quieres echar a perder todos los momentos felices que pasamos?
-Yo...
-¿Ya te olvidaste de lo que sientes? Ayer me dijiste que
me amabas y ahora ya no.
-Carlos… yo… no sé si te quiero, imaginé lo mismo y doy
otras respuestas y, no sé…
-¿Por qué, Nohemí? ¿Qué te pasó? No te entiendo. Tú no eres
así.
-Perdóname…perdóname por todo el daño que te estoy
haciendo.
-Nohemí… ¿por qué haces esto?
-Es por nuestro bien…
-¿Acaso me haces bien dejándome? No me hagas esto. Dime,
¿qué pasará con Estrella? ¿Ella no existirá? ¿Qué pasará con nuestros sueños?
-Perdóname por favor.
-¿Es lo único que sabes hacer? Dame una explicación por
favor.
-Es que… no sé, creo que no es el medio.
-Tenemos que hablar personalmente. Yo iré a Lima pero en dos
meses. ¿Tú no puedes venir?
-No Carlos, pero tienes
razón, hay que hablar personalmente, hay que darnos un tiempo y cuando vengas
hablaremos, pero por ahora es mejor que no.
-¿Un tiempo?
-Sí, es mejor, hay que pensar bien las cosas, creo que no
te mereces a alguien como yo y… es mejor que esto acabe Carlos… hablamos otro
día. Hasta pronto
-Nohemí…
La joven limeña
terminó la llamada y Carlos se quedó sin decirle algo más, empezó a llorar y no
paró de hacerlo por varias horas, mientras se preguntaba, ¿qué pasó?
La tristeza y la
preocupación le habían robado el día y la noche. De gotas turbias se cubría su
rostro a la vez que se evaporaban en la nostalgia de su corazón. Caminaba por
un sendero vacío que le aprisionaba el corazón y lo hacía tambalear.
Varios días después
Carlos se encontró con Lizeth y le contó lo que pasó con Nohemí. Ella se puso
triste al ver como su hermanito lloraba.
-Y no entiendo nada -decía Carlos.
-Cálmate por favor hermanito, ya no llores, ven dame un
abrazo -dijo Lizeth.
-¿Tú no me vas a dejar, verdad? Prométeme que no me vas a
dejar hermanita, por favor, yo te quiero, tú tampoco me dejes.
-Carlos... estoy contigo… te quiero, ya no llores.
Pero para él no era
suficiente, nada podía calmarlo y nadie pudo hacer que la olvide. Luego también
le contó a Oscar, Adriel y Alberto, quienes lo ayudaban en todo momento. Sin
embargo, una espina ya se le había clavado en lo más profundo de su ser.
Así pasaron los días,
semanas… Carlos y Nohemí no tuvieron comunicación. Ambos pensaban lo que pasó,
pero él tenía el presentimiento de que ella lo engañaba y estaba con Antonio. Todo
fue muy sorpresivo, y él no entendía lo que a Nohemí le pasaba, ¿tan pronto lo
dejó de amar? ¿O acaso lo engañaba desde el principio? Eso, solo lo sabe ella.
* * *
Noviembre del 2008…
-¿Cómo que la
apelación no tuvo resultado?
-Señor hice lo posible.
-¡No, no hiciste todo
lo posible!
El abogado es echado
de la casa del furioso padre de Wilson. Camina unas cuadras y se detiene en una
esquina, la luz de la luna no brillaba en ese lugar, así que sacó su celular y
prendió su linterna para buscar un documento en su maletín.
-Lo hiciste muy bien
-escuchó detrás.
Volteó de inmediato y
muy asustado, vio una figura parada en un poste que le empezó a hablar.
-¿Acaso es usted señor
Ja…?
-¡Alto, no pronuncies
mi nombre!
-¿Qué hace aquí señor?
-Vine a ver tus avances y veo que todo marcha a la perfección, pronto
nuestros planes se cumplirán y nuestra asociación tendrá éxito.
-No es tan fácil, aún
sin los dueños el hijo saldrá pronto.
-Eso no será problema,
ya nos encargaremos de eso. Termina con tu tarea, yo he de regresar a Japón. Y
no te preocupes, pronto todo será revelado…
* * *
18 de Diciembre del 2008…
Era el último día de
clases, Carlos estaba reunido con Adriel y Alberto en el aula; esperaban que
sonara el timbre para salir.
-¿Y por qué mañana no vienes? -interrogó
Alberto.
-Mañana vienen solo los que están mal en los cursos, pero
felizmente salí bien y no daré recuperación.
-Pero ven para jugar un rato y de ahí nos vamos a andar
-agregó Adriel.
-Me gustaría pero, prefiero estar en mi casa, además
últimamente me duele mi tobillo.
-Bueno, ¿y cuándo viajas ah? -siguió Alberto.
-Posiblemente el otro
mes, pero primero Nohemí tiene que llamarme para acordar cómo y cuándo nos
veremos.
-¿No han vuelto a hablar? -preguntó Adriel.
-No, ya van a ser dos meses.
-Bueno, ojalá que todo se solucione.
-Eso también espero yo -agregó con tristeza el joven
enamorado mientras escuchaban la señal de salida.
-Es hora de irnos, cuídate -dijo Adriel.
-Que todo te salga bien causa -finalizó Alberto.
Carlos fue a esperar
un carro para irse a su casa, se detuvo en el lugar donde esperaba a Lizeth todas
las tardes, extrañando aquellos lindos momentos que pasó con ella…
Llegó a casa y tiró la
mochila en su cama, caminó hacia la puerta para echar pestillo cuando su celular
sonó y se sorprendió muchísimo al saber que era Nohemí.
-Hola, Carlos… ¿cómo estás? -preguntó la joven
tímidamente.
-Hola… yo, no estoy tan bien.
-Después de lo que hice, ¿me sigues queriendo?
-Sí Nohemí, y no entiendo… yo quiero volver contigo, pero tú
ya no quieres, ¿acaso, tan rápido te olvidaste de lo que sentías?
-No es eso Carlos, sino es que… no sé.
-¿No has vuelto a besar a Antonio, verdad?
-Carlos… yo…
-Dime la verdad.
-Yo… sí y varias veces.
Los llantos del joven
se escuchan hasta la parte más lejana de Lurín. Bajaba su mirada y se cubría el
rostro con la mano que tenía libre.
-Perdóname por favor.
-¿Por qué, por qué me haces esto? ¿Qué te hice?
-Tú no me has hecho nada, el problema soy yo, no sé qué me
pasa y cuando lo veo…
-¡Cállate!... Ya no me digas nada de él… -hace una pausa, se saca la mano del
rostro y mira hacia el techo mientras sus lágrimas se resbalaban por sus
mejillas-. Tan solo dime la verdad. ¿Tú me amas?
-Carlos…yo… -Sus pequeños sollozos son escuchados en Ica por el
joven quien espera que le diga algo.
-Dime la verdad.
-Carlos… no Carlos… ya no te amo…
Su cuerpo y su mente
se congelaron, su corazón se detuvo, todas las ilusiones, todos sus sueños fueron
destruidos en unos cuantos segundos mientras recordaba las imágenes de los
momentos en aquel mundo de sueños junto a su amada.
-Por favor, perdóname por todo el daño que te estoy
causando.
-¿Cómo crees que me siento? Lo que más me duele es no
saber que te hice, qué te molesto de mí para que me dejaras de amar, si todo
estaba muy bien Nohemí, ¿por qué todo cambió? –gritó.
-Todo eso lo hablaremos cuando nos veamos, ¿cuándo viajas
a Lima?
-En enero, supongo, allí tengo una tía y a lo mejor me
quedo ahí por un mes. Te avisaré apenas pueda… Es necesario hablar de varias
cosas, necesito explicaciones.
-Sí, te llamo dentro de unos días cuídate mucho por favor,
chau.
La llamada finalizó
bruscamente dejando al joven destrozado con sus turbias lágrimas que no paraban
de caer. Si se supiera cuantos granos de arena hay en el mundo, tendríamos la
cantidad de lágrimas que derramó Carlos por Nohemí. Y por más que quería
olvidarla no podía, ella se le había clavado profundamente en el corazón y no
quería salir de ahí.
Días después, Carlos fue al colegio donde trabajaba su
papá. Allí consiguió un trabajo temporal, cargando materiales. Necesitaba dinero
para quedarse
un buen tiempo en
Lima. Trabajó por varios días y con el dinero que ganó se iría a Lima en enero
del año entrante; pero también decidió comprarse otro celular de otra operadora
móvil, entonces mantuvo los dos.
*
* *
30 de Diciembre del 2008…
(11:00 PM)
Nohemí
llamó a Carlos y preguntó:
- Hola, ¿ya estás mejor?
-¿Cómo quieres que esté, después de todo lo que pasó?
-contestó algo molesto por la pregunta.
-¿Cuándo… cuándo viajas?
-En dos semanas aproximadamente.
-Y, ¿por cuánto tiempo?
-Un mes de repente y dime, ¿dónde nos vamos a ver? No creo
que me dejen ir a Lurín.
-No aquí no, tú ¿en qué parte de Lima te vas a quedar?
-En el distrito de Independencia, ¿podrás ir para allá?
-No lo sé, está muy lejos, ¿no puede ser en el centro de
Lima?
-Claro, pero ¿en qué parte?
-A ver, ¿conoces… el Parque de la Reserva?
-No, pero quisiera conocer.
-Haz tus arreglos y me avisas.
-Está bien, pero, dime ¿cómo estás?
-No estoy bien, sabes, mis padres se divorciaron hace poco
y cada uno está por su lado, yo me quedé con mi mamá, aunque a veces voy a ver
a mi papá, pero ya nada es igual.
-Dime la verdad, ¿estás con Antonio?
-No y ya no quiero seguir hablando de eso, cuídate
hablamos después. Chau.
-Nohemí…
La joven terminó la
llamada y él se quedó como siempre sin decirle nada y muy triste…
Entonces pasaron los
días… y llegó el año 2009, terminó el año en donde empezó la relación de Carlos
y Nohemí; año donde también acabó. Ambos pasaron por lindos momentos,
inolvidables y que quizá muchos han pasado por eso. Pero parece que era tiempo
que se olvidaran de lo que sentían… olvidarse de esperar…
Sin embargo, ese es un
proceso muy difícil lleno de angustia y es como un hastío que ataca al corazón,
dañándolo y causando heridas muy profundas, que tal vez empeoren con el tiempo,
dejando una gran cicatriz como la que tiene Carlos.
Él ya había juntado el
dinero suficiente para ir a Lima, se quedaría en casa de una de sus tías.
Estaría allí al menos por un mes de vacaciones, quería relajarse y conocer más
lugares, ya que el casi no salía de Ica, su hermosa tierra natal.
* * *
04 de Enero del 2009…
(3:30 PM)
Carlos fue a la casa
de Lizeth para avisarle de su viaje pero, al tratarla, notó que estaba algo
distinta.
-Hola hermanita, ¿cómo estás? -preguntó el joven.
-Sí… bien -respondió dudándolo.
-¿Segura?
-Sí, sí, ¿por qué viniste? -contestó ofuscada.
-Bueno, quería visitarte, ¿tiene eso algo de malo? ¿Por
qué te molestas?
-No por nada disculpa.
-¿Qué te pasó?
-Solo tuve un problema con alguien… pero dime, ¿cómo van
los arreglos de tu viaje?
-Bueno, viajo el viernes.
-¿Y vas a ver a Nohemí?
-Sí, conversé con ella y nos vamos a ver.
-Ojalá todo se arregle Carlos.
-Eso espero.
Era diferente,
“hermanito” de su boca no se escuchó. Estaba algo despeinada y con cara de
sueño. No se mostró amable ni cariñosa como de costumbre; Se comportó así hasta
que Carlos se despidió y se fue.
Luego de allí, fue a
casa de Oscar, justo cuando tocó la puerta él salía con unas maletas.
-Oscar, ¿vas de viaje?
-Sí y ¡qué viaje! Ni te imaginas a que lugares me voy.
-¿Así? A ver dime.
-Mira, me voy a Portugal de ahí a España, después a
Francia, Italia, Grecia, luego a Ucrania, Rusia, Polonia, Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca,
Holanda, de ahí a Inglaterra, Alemania, Malta, al Vaticano…
-Qué, qué, qué –dijo con su rostro sorprendido y creyendo
que le bromeaba-. Ya, ya, pero ¿cómo así?
-Ah, es que me gané un sorteo para conocer los atractivos
de esos lugares.
-Wao, ¿sorteo? -preguntó irónico, aunque todo lo que en
realidad pensó fue “este ya se loqueó.”
-Sí, bueno ya me tengo que ir.
-Claro… cuídate, amigo.
Luego de eso, se fue
muy triste… cuando necesitaba a sus amigos, no estaban con él. Entonces llamó a
Aracely pero no le contestaba. Por la noche, llamó a Jhoanna, quien ya se había
enterado lo sucedido con Nohemí y fue la única que le contestó.
-Hola, ¿cómo estás? -preguntó ella.
-Bueno, no tan bien -contestó apenado.
-¿Qué pasó ahora? ¿Es por Nohemí?
-Sí, pero… también es por Lizeth.
-¿Qué pasó con ella?
-No lo sé, ahora fui a visitarla y estaba muy extraña, le
pregunté que tenía, pero me decía que nada. Y no me trató como siempre, eso me
hizo sentir mal.
-¿Le has hecho algo?
-No y además no la veía desde hace tiempo.
-Bueno, no le hagas caso ya se le pasará.
-También fui con Oscar y justo se iba de viaje.
-Ah sí, ese loco, sí que tendrá vacaciones, sí me contó,
pero dime, tú, ¿cuándo viajas?
-El viernes.
-Bueno, te estaré
llamando para saber cómo te va.
-¡Gracias! Bueno Jhoanna tengo que colgar.
-Está bien, hablamos luego, cuídate, chau.
-Tú también cuídate, chau.
Al terminar de hablar
con Jhoanna, Carlos se puso a pensar en todas las cosas que estaba perdiendo.
Se sentía muy mal, no quería contar nada a sus padres, porque pensaba que no le
harían caso.
El no dejaba de llorar
ninguna noche, extrañando aquellas conversaciones, aquellos sueños que una vez
existieron, pero que ahora, solo estaban en el olvido…
*
* *
08 de Enero del 2009…
(10:00 PM)
Un día antes de viajar
Nohemí llamó a Carlos.
-Hola, ¿cómo estás? -preguntó la joven desde Lurín.
-No tan bien -contestó el joven iqueño.
-¿Cuándo viajas?
-Mañana en la mañana
-Y, ¿dónde nos vamos a ver?
-En el Parque de la Reserva está bien, aún no sé qué día,
yo te aviso.
-Está bien, que te vaya bien en tu viaje, cuídate mucho,
chau.
-Nohemí espera…
-¿Qué?
Nohemí, tú… ¿tú me
amas?
-Ya te he dicho, eso lo hablaremos cuando nos veamos.
Hasta pronto.
El celular decía: “fin
de la llamada”. Carlos tiró el celular en su cama y se echó llorando y preguntándose:
-¿Por qué Nohemí? ¿Por qué haces todo esto, mi amor? Sí yo
te amo. ¿Qué te hice? ¿Tan rápido te olvidaste de mí?... Siento mucho dolor, tú
y yo no podemos estar separados… no Nohemí, no es normal que esto llegue a su
final. No puede pasar esto, no puede, yo fui el primero en tu corazón y tú la
primera en mi corazón, y no entiendo nada… ¿qué te pasó?... Pero… tengo la
esperanza que esta tormenta pasará, mi linda doncella, tú y yo no nos podemos
separar… no es normal. Yo no puedo olvidarte, te amo.
Se encerró en un
círculo vicioso de aquel sentimiento. Imaginaba hablar con ella, sin embargo se
dio cuenta que todo estaba en su mente y lloraba. A pesar de los cuidados que
le dio a su impecable princesa, un pequeño descuido hizo derrumbar todo.
Al día siguiente, se
levantó muy temprano para alistar sus cosas, y así poder ir a Lima para buscar
la respuesta del engaño de Nohemí…
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