A nadie de la multitud
le faltaba aliento; el ánimo estremecía las extremidades agotadas. Los
jugadores seguían hasta el final para la obtención del objeto codiciado mientras
el ejecutor tomaba el balón con pesadez. El tenerlo en sus manos le fatigaba
porque cada rebote era un esfuerzo.
Era la final del
campeonato de baloncesto. El colegio San Luis Gonzaga competía contra el José
Toribio Polo. Carlos estaba de alero y a punto de llegar al aro. El marcador mostraba
un resultado igual cuando el tiempo era escaso y a la vez eterno.
Toda la responsabilidad
caía sobre él, era difícil pues los defensores no lo dejaban pasar. Le entregó
el balón a Alberto mientras decidió escabullirse para llegar al arco. Su
compañero le devolvió el esférico; era la última oportunidad, las miradas
estaban en el siguiente acto decisivo y con el último soplo de energía anotó
segundos antes del final. El ambiente se llenó de gritos triunfales que
alentaron a los ganadores...
Mientras tanto, en
otra parte de Ica, fuera del contorno emocionante, se escuchaban sencillos
pasos; caminaba en círculos fuera de su casa bajo el intenso sol del lugar,
esperando quizá el relevo de su etapa. Su mirada estaba dirigida hacia el horizonte
y su pensar en el tiempo.
-Nohemí, entra a casa -dijo
su madre-. Es hora de almorzar.
-Voy mamá, un ratito
por favor es que quiero esperar a papá.
-Ya vendrá, pasa.
Su padre la engreía y
ella lo quería mucho; así que entró a la casa entristecida.
El viejo celular que utilizaba
toda la familia recibió una llamada y de inmediato Nohemí corrió a contestar.
-¿Nohemí? Soy Lizeth.
-Ah hola, qué gusto
escucharte.
-¿Qué pasó, por qué no
viniste al juego de baloncesto que te invité?
-¡Ay! Lo siento, lo olvidé.
Tampoco creo que me hubiesen dejado ir -contestó apenada. ¿Tú fuiste?
-Sí, aquí estoy, el
equipo de mi mejor amigo ha ganado y estamos todos muy contentos -respondió muy
entusiasmada.
-¡Qué bueno! Me
hubiese gustado estar allí.
-Ya no te preocupes, en
realidad llamaba porque quería invitarte para el día domingo a un paseo, por
allá, por las viñas de Lidia. Ya he avisado a casi todos los chicos para ir.
-Bueno, voy a pedir
permiso.
El bullicio de la
alegría interrumpía la conversación, Lizeth decidió llamar a Nohemí más tarde;
entonces se despidieron.
El cansancio
y la celebración acabaron por vencerlo y cayendo en el sueño ha visto una
extraña figura, una niña haciéndose mujer. De cabellera negra hasta los
hombros, su rostro era un misterio debido al brillo que emitía. Sus cálidas
manos se extendieron y acariciaron su rostro, lo único que pudo diferenciar de
aquella doncella era su encantadora sonrisa…
*
* *
17 de
Diciembre del 2006…
Se había levantado
temprano pero no era tanta la ansiedad por llegar. Lo veía como uno más de
aquellos paseos con sus amigos. Se despidió de sus padres y salió de casa. Caminaba
por la avenida Las Dunas en San Joaquín, la cual tiene unos quinientos metros.
En la tercera cuadra se notaba una casa color melón de dos pisos a medio
construir con un jardín en el exterior. Aquel hogar lo veía salir de lunes a
viernes al colegio y de vez en cuando a algunos paseos como ahora.
Tomó el colectivo
hacia Subtanjalla mientras seguía recordando la victoria del campeonato, todos
los gritos de aliento y luego lo que le dijo su mejor amiga: “tienes que ir el
domingo, te presentaré a alguien”…
-¿Y tiene algo de
especial ese alguien? -interrogó Nohemí con una sonrisa.
-Es mi mejor amigo -contestó
Lizeth-. Lo conozco por más de dos años. Ya debe venir. ¡Ah por cierto! Oye Lidia
¿Enrique y Humberto vendrán?
-Enrique me dijo que
sí pero Humberto…
-Humberto también
-interrumpió Nohemí.
-¡Qué bien sabes de
él! -exclamó Margot que llegaba recién a casa de Lidia y la había escuchado.
-Es mi mejor amigo
pues -replicó Nohemí algo molesta-. Y ya te dije que no me fastidies, además él
es mucho mayor que yo.
-Ya, ya, no te
molestes. Mira allá llega tu amigo. Solo faltan Enrique y Carlos.
Minutos después llegó
el primero. Al no aparecer el segundo, la preocupación de Lizeth hizo que se
olvidara de presentar a su amigo ante Nohemí cuando este llegó.
Caminaron hacia el caserío de Camino de Reyes,
allí paseaban por una de las viñas de Lidia mientras recogían los pocos frutos
de la estación. Las conversaciones giraban en torno a lo sucedido en la semana.
Con ellos venía una pareja casada; Carlos conversaba con el esposo y Nohemí con
la esposa…
Poco
recuerda los diez años de vivencia en Arequipa, aquellos juegos con sus padres
y sus hermanos. En ese entonces hubo una familia muy unida; eran como un solo
cuerpo que entre todos se necesitaban. Nohemí era la tercera de cuatro
hermanos, su padre la despertaba dándole un beso en la frente antes de irse a
trabajar para que fuera a la escuela. “Nos mudamos a Ica”, dijo un día tétrico.
“¿Y cómo será mi
vida por allá?”, se preguntó todo ese tiempo.
“Extrañaré a María, mi prima y mejor amiga. Tal vez encuentre un confidente
allá”. Y así sucedió. Humberto entabló una gran amistad con ella, quien le
confiaba varios secretos y contaba los problemas que poco a poco arruinaban su
hogar…
En tanto divagaban por
su mente todas estas cosas, Carlos observaba cada espacio del lugar, y fue
allí, entre varias miradas perdidas, que fijó su vista en una niña que se hacía
mujer, de cabellera negra que llegaba casi hasta los hombros. Trataba de ver su
rostro y sus ojos, pero el brillo que emitía el vidrio de sus lentes lo
impedía. “Es extraño, se parece a la que vi en sueños”. Percibió un calorcillo
en el pecho en tanto sentía que perdía libertad y algo lo atraía. Andaba por el
cielo cuando observó en la tierra a una pequeña princesa. Entonces su alma
decidió aterrizar y quedarse en su suelo; allí sintió elevarse aún más. Ella le
tejió unas nuevas alas plateadas con un brillo esplendoroso, fue entonces
cuando descubrió un oasis en aquella ilusión y se perdió en su radiante mirada
quedando esclavizado…
Intentó acercársele y
cruzar palabra, mas sentía vergüenza. Pudo ver su semblante donde quedaron
fijos sus ojos mientras sonrió. Durante todo aquel paseo no hubo momento que no
la observase. Al acabar la tarde no consiguió decirle nada; se dieron la mano
para despedirse y al separarse, él volteó para verla…
*
* *
“¿Presumido yo? Está
loca”. Pensaba mientras caminaba a casa y hacía rebotar el balón. Carlos recordaba la discusión que había tenido con Gabriela:
“No puedes hacerlo”, decía ella. “Claro que puedo, incluso puedo encestar desde
el otro lado de la cancha”, dijo él. “Tú siempre de presumido, pero la verdad
es que no puedes contra mí”, contestaba siempre. “Ya ves la presumida eres tú”.
“A mí no me digas así, niñito”. “Y volvemos con lo de niñito, ya te dije que no
me digas así, loca”. “¡Tú no me digas loca!” Se molestaron nuevamente. Por su cabeza
transitaban las imágenes de todas las veces que se habían peleado. “¿Y quién
dará el primer paso esta vez? Uhm… pues que lo haga ella”, pensó.
Entró a casa, luego a
su cuarto y reflexionaba sobre la amistad. “¿En qué grado de importancia están
los amigos? Todos lo tienen… o al menos eso creo. Pero ¿y qué si no los
tenemos, será de vital importancia formar un vínculo?” El cansancio terminó por
vencerlo y cerró los ojos.
Había perdido la
noción del tiempo cuando despertó. Inmediatamente oyó la voz de su madre que le
decía que lo llamaban por teléfono. “¿Quién es?”, preguntó. “Gabriela”, respondió
ella.
*
* *
30 de Diciembre del 2006…
-Mañana acaba el año
¿qué cosas nuevas has conocido? -interrogaba Gabriela.
-¿Cosas? No sé, pero
conocí a alguien -respondió Carlos con alegría.
-Por la cara que pones
parece que te agradó bastante. ¿Quién es?
-Una chica, de
Subtanjalla. Es muy extraño pero, sentí algo raro al verla. ¡Creo que me
enamoré!
-Uhm, todavía eres
joven y ella también supongo, ¿cuántos años tiene?
-Pues, no lo sé, no le
pregunté, pero debe ser menor que yo -respondió Carlos con seguridad.
-Entonces son muy
jovencitos -dijo Gabriela con perspicacia-. Es difícil sentir amor a su corta
edad.
-¿De verdad crees eso?
-Sí, no se puede
sentir amor a la edad que tienes, ni yo que tengo quince. Todo lo que se siente
son simplemente gustos.
-Bueno, creo que eso
tendré que averiguarlo por mí mismo. Hay cosas que no son predecibles, pero si
fue predecible que me llamaras para arreglar nuestras diferencias.
-A la otra te toca a
ti -dijo sonriente Gabriela.
*
* *
11 de Enero del 2007…
Miraba tras la luna
del colectivo el camino hacia Subtanjalla. No era la fiesta lo que le motivó,
sino el hecho de que le dijeran: “ella irá también”. Su madre le preguntó antes
de salir: “¿por qué tan arreglado Carlitos?”. “Solo quiero verme bien”,
contestó.
Llegó temprano. El
dueño de la casa lo recibió, y entró. Allí esperó junto a algunos de sus amigos
que llegaban recién.
Minutos después llegó
Lizeth y tras ella vio una figura que se le hacía conocida. Su corazón palpitó
y su mirada quedó fija
en ella.
Era diferente
de
cómo la
vio por primera vez. Traía una blusa de color
verde y un jean azul. Era de contextura normal, tez clara, ojos color negro. Todos
veían un rostro alegre, pero Carlos notó que eso era una cortina, pues tras
ella dormía la tristeza. Fue allí cuando él se le acercó y la saludó.
-Hola…uhm ¿Carlos
verdad? -interrogó Nohemí.
-Sí, ehm… ¿Nohemí?
-continuó él.
-Exacto, ese día creo
no pudimos conversar, yo estaba muy entretenida. Pero bueno ¿qué te cuentas?
Ambos se sentaron y
empezaron a conversar en tanto los invitados llegaban. No era una típica fiesta
de adolescentes, sino un esparcimiento en donde todos se asociaban compartiendo
experiencias
En aquel instante,
aquellos jóvenes empezaban a hilvanar sus corazones, iniciando una amistad que
poco a poco los unía.
Desde ese entonces
Carlos iba a Subtanjalla, sus amigos de allá lo empezaban a notar diferente,
era más alegre que de costumbre y de vez en cuando hablaba tonterías. En tanto
Nohemí, se preguntaba por qué venía tan seguido y por qué estaba cerca de donde
andaba ella. “¿Qué es esto que siento? Es extraño”, pensó la joven…
-Oye Lizeth cuéntame
sobre Carlos -dijo Nohemí con mucho interés mientras caminaban por la calle.
-¿Qué deseas que te
cuente? -consultó la interrogada algo presionada y sorprendida.
-No sé. Cómo es, qué
hace. Tú lo conoces.
-¿Y por qué ese
interés?
-Pues… es que lo estoy
conociendo y quisiera detalles de otras personas cercanas a él.
-Bueno… es mi amigo
desde hace mucho, alegre,
divertido, le gusta ayudar a sus amigos. Está
en la selección de baloncesto de su colegio. Es bien inteligente. Hay cosas de
él que desconozco bastante. Creo que hay algo que busca, como un sueño que
tiene, pero aún no lo descifra. A pesar de todo, sé que lo logrará y ustedes
dos se llevarán bien.
-Pues, eso espero y
trataré de conocerlo. Quisiera oír más pero tengo que irme, cuídate amiga.
Nohemí regresó a casa;
vio que su puerta estaba entre abierta. Mientras se acercaba escuchaba las
voces de sus padres que parecían discutir.
-¡No hay otra opción,
allá será mejor! -repetía el padre.
-Eres un indeciso,
¿hasta cuándo nos tendrás así? Esto nos afecta mucho -reclamaba la madre.
-¡Lo que tú hiciste
nos afectó más a todos, nunca pensaste en tus hijos!
-Aún no me perdonas,
es por eso que actúas de esa forma.
-¡Yo actúo como me da
la gana! -seguía gritando.
Nohemí ingresó callada
y al verlos, ellos se callaron mientras tímidamente preguntó:
-¿Qué pasa?
-Nos mudamos a Lima
-contestó con autoridad su papá mientras se iba al cuarto y en tanto su mamá salía
a la calle.
“¿Lo deciden así, como
si nada?”, pensaba la joven. “Al menos nos deben reunir y avisarnos o algo.
Pedir mi opinión y la de mis hermanos. Extraño tanto mi antigua familia”.
-Nuestra opinión
parece no tener importancia en todo esto -escuchó por detrás.
-¿Lo escuchaste todo Luisa?
-Sí querida hermanita,
es mejor que vayamos acomodando nuestras cosas y despidiéndonos de nuestros
amigos.
-Pero ¿por qué?
Estamos bien aquí.
-Papá ha encontrado un
nuevo trabajo en Lima. No sé qué será, mamá y él discutían sobre eso. Solo sé
que pronto nos iremos.
Luisa salió a la calle
mientras el sol se ocultaba. En tanto su hermana menor fue a su cuarto con
algunas lágrimas en su rostro.
* * *
28 de Enero del 2007…
(10:20 AM)
-No quisiera que te
vayas -dijo Carlos con tristeza.
-Y yo no quisiera irme
-replicó Nohemí-. Pero mi papá tuvo que cambiar de trabajo y ahora nos mudaremos
a Lima.
-Allá las cosas son
diferentes…
-Sí, lo sé. Pero sabes,
aún estaré una semana más -dijo sonriente.
-¿De verdad?
-De verdad y… que te
parece si ahora, no sé… ¿salimos? Por aquí, por la viña de Lidia.
-Eso me gustaría mucho
-aceptó con mucha alegría.
Fueron a casa de
Lidia, le avisaron que saldrían e invitaron a otros de sus amigos. Ella anotó
la dirección de su correo electrónico en una hoja, se la dio y luego, mirándose
cara a cara sonrientes, se despidieron dándose la mano. Entonces cada uno
regresó a su casa con la emoción de volver a verse por la tarde.
El calor del sol
cesaba poco a poco. Eran casi las tres de la tarde cuando Carlos empezaba a
alistarse. Estaba muy ansioso por llegar y verla. Al terminar, salió de su casa
y fue a tomar un colectivo mas no pasaba ninguno. Esperaba con paciencia, recordó
que al ser domingo no había muchos transportes para el lugar. Pasó una hora cuando
ya se había cansado de esperar. Así que se resignó y caminó lentamente de
regreso a casa. Se sentía triste y culpable. “De seguro se molestará y no me
buscará nunca más”, pensaba en el camino. “Pero no es mi culpa, no hay ningún
transporte y si voy caminando me demoraré más de una hora”.
Llegó a su casa y
entró; su madre le preguntó que pasó, él le contestó tristemente que ya no
iría. Que estuvo esperando transporte más de una hora y no pasó ninguno. Fue a
su cuarto y se echó en su cama. Por su cabeza daba vueltas la imagen de Nohemí,
cuando de pronto, sintió que algo se iba, como si le arrebataran algo que
quería, eso lo percibió por primera vez; entonces tuvo la necesidad de ir donde
ella. Regresó presuroso a la pista a seguir esperando, al no ver venir ningún
transporte empezó a caminar guiado por su corazón el cual le latía como si
fuese a morir. Luego de andar unos pocos metros pasó un colectivo que lo
recogió y así emprendió su ida hacia Subtanjalla.
Llegó a las cuatro y
media a la casa de Lidia. Allí estaban varios de sus amigos pero no veía a
Nohemí. Preguntó por ella y la mamá de Lidia respondió:
-Nohemí ya se fue a
Lima, salió hace media hora.
Un escalofrío recorrió
su cuerpo. La voz se le fue y sus ojos empezaban a lagrimear. Los observaba a
todos y notaron que estaban apenados.
-¿Para… siempre?
-interrogó con dificultad.
-Sí… -le contestó la
dueña de casa.
-¿Qué? Pero… ¿cómo? Me
dijo que iba a quedarse una semana más ¿por qué se fue?
-No sabemos, vino con su hermana a despedirse. Esperó un
rato para despedirse de ti, pero como no venías, se fue.
-Yo he estado esperando colectivo… casi una hora, pero no
veía ninguno -siguió Carlos mientras se le entrecortaba la voz-. Si hubiese
llegado temprano… aunque sea me hubiese despedido de ella.
Sin decir nada más y con
la cabeza baja salió con los demás a la viña para cumplir con el paseo acordado,
sin embargo, no lo disfruto como lo había deseado.
Al llegar la noche, regresó a su casa muy
apenado. Mientras estaba en su cuarto pensaba la manera de comunicarse con Nohemí;
entonces recordó la hoja que le había recibido donde estaba la dirección de su
correo electrónico. Inmediatamente fue a un Internet y le escribió un mensaje
en donde le preguntaba por qué se fue de repente, además le mencionó que estaba
muy triste y la extrañaba. Luego le pidió que se comunicara con él cuando
pueda. Con eso se despidió.
Aquella noche que se
hizo madrugada, fue la primera vez que el joven lloró por una chica. Estaba
confundido y se preguntaba qué era lo que había pasado con su corazón.
En cuanto a Nohemí, ya
había llegado a Lima, ahora viviría en Lurín, un distrito alejado de la
capital. Se sentía mal por no haber estado con Carlos en el paseo y no verlo
por última vez. Así que echó a llorar en su nuevo cuarto que sería testigo de
los llantos del primer amor.
* * *
-¿Viste
la película? -preguntó Gabriela.
-Sí,
la vi y me gustó -contestó Carlos.
-“Nunca
digas adiós” -decía mientras miraba la portada de la película que venía en el
estuche.
-Aunque
el título no me parece que sea tan adecuado para la trama de la película.
-No
estás de muy buen ánimo desde hace tiempo ¿Es por ella?
-Sí,
hace ya doce días que no sé nada.
-Ya
olvídate de ella, lo que se fue, se fue.
-No
Gabriela, a ella no la puedo sacar así fácilmente, no sé por qué pero, en mi
cabeza solo da vueltas su imagen, mis oídos parecen aún escucharla y mis ojos
me hacen verla en cualquier parte.
-¡Estás
delirando! Hay que llevarte al hospital de emergencia.
-No
estoy para bromas -dijo fastidiado-. Es hora de irme, voy a una cabina de
internet para ver si ha respondido mi mensaje.
Después
de despedirse, Carlos se fue presuroso. En su correo electrónico vio que había
recibido respuesta de Nohemí. Allí le respondió que se había ido debido a un
problema que tuvo con Humberto, lo cual la hizo sentir muy mal y por eso quiso
irse rápido. Le narró que su papá no quería que se juntara con aquel confidente
porque lo consideraba una mala compañía. Luego le confesó que deseaba que
Carlos fuese un buen amigo. Le pidió disculpas por no estar con él esa tarde
pasada y luego lo citó para que se conecte al Internet la próxima semana para
conversar. Con eso
se
despidió diciéndole que se cuidara y que no le falle.
Al leer aquel correo
se sintió más tranquilo, sin embargo, anhelaba escuchar aquella dulce voz que
lo había cautivado.
Dos días después, el
hermano de Humberto le dio a Carlos el número celular de Luisa, la hermana
mayor de Nohemí. Algo nervioso, Carlos decidió llamar; para ese entonces sus
padres le compraron su primer celular. Le contestó Luisa, la saludó y luego le
pidió por favor que le comunicara con Nohemí. Su cuerpo recibió un pequeño
temblor proveniente de su corazón al escuchar sus palabras. Aquella vez fue la
primera de las tantas conversaciones por celular.
-Es un gusto volver a
oírte Nohemí -dijo alegre.
-También es un gusto
saber de ti. Estoy muy apenada por haberme ido sin despedirme. Discúlpame por
favor.
-No te preocupes eso
ya pasó. Pero cuéntame, ¿cómo está todo por allá?
-Sabes, aquí en Lurín
las cosas son diferentes y… extraño bastante Ica.
-Y por aquí se te
extraña bastante, no te imaginas cuanto…
Las conversaciones se
hacían cada vez más largas, la confianza aumentaba, las risas iban y venían
mientras aquel sentimiento que nacía en sus interiores empezaba a brotar,
enredando con sus ramas las partes más profundas de sus corazones. Cada vez que
él le preguntaba cuando vendría, ella contestaba que sería muy pronto.
Pasaron los días… las
semanas… El fin del verano se acercaba. Un nuevo año escolar empezó para ambos
cuando su amistad había sido consolidada.
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