Capítulo III

15 de Agosto del 2007…

Estaba parado mirando hacia el horizonte; la imagen del ocaso le atraía. Observaba también a varios de sus compañeros que aún seguían en aquel campo de futbol de su colegio; era grande y relajante. El fuerte viento rozaba su rostro, no era normal, en los últimos días había aumentado su fuerza.
Salió del campo junto con sus compañeros Alberto, Adriel, Antony y Felipe. Eran un grupo de cinco que iban de acá para allá.
Avanzaron hacia uno de los pabellones donde había lugares para sentarse. La clase de educación física había sido agotadora; se ponían su uniforme bajo la ropa con que hacían su deporte. El fuerte viento seguía golpeando los rostros; la luz del sol se opacaba mientras la fría noche se acercaba. Carlos ya se había acostumbrado a estudiar en el turno de la tarde. Salía del colegio con sus amigos, caminaban por el centro un momento y luego se iban en colectivo.

-¿Vamos al play station? -dijo Alberto.
-Sí, yo voy a ir -agregó Adriel.
-Yo no, volveré a casa temprano -dijo Carlos.
-Yo también, prometí regresar a casa temprano ya será para otro momento -añadió Antony.
-Entonces hasta mañana -terminó Adriel.
Se dividieron en dos grupos. Carlos y Antony tomaron un colectivo que los llevaría a casa. El primero estaba sentado en la parte trasera, mirando hacia la ventana; observaba como la gente transitaba por las calles iqueñas.
Ha olvidado a Nohemí, quien descansaba en su casa limeña. Estaba absorto en sus estudios de tercer año y en el próximo campeonato de baloncesto. Cerró los ojos, su mente empezó a divagar; las imágenes de la victoria anterior le hicieron olvidar los percances pasados.
Fue en aquel momento cuando la tierra empezó su crujido, cobró vida y empezó a mover los objetos de la superficie. El pánico se infectó en las personas que gritaban: “¡Temblor, terremoto!”. Empezaban a correr buscando refugio en lo primero que veían. Los carros estacionados se movían de un lado para otro; saltaban como ranas desesperadas. Las luces parpadeaban, los vidrios de ciertos edificios empezaron a romperse. Carlos y su compañero, bajaron del colectivo presurosos. No se podían poner de pie; se apoyaron en el auto para no caer. Entonces todo quedó en oscuridad mientras la tierra seguía su feroz movimiento. Los clamores de la gente rezumbaban en el joven que le llegó el temor, pero evitó que este apoderara su corazón. Parecía no terminar, algunos autos chocaban contra otros. Y la vida de todos se puso en riesgo.
*  *  *
Sus ojos quedaron viendo la oscura escena, pudo distinguir los gruesos y grandes pedazos de adobe en el suelo; se salvó por poco de que le cayeran encima.
-¡Nohemí! -gritó su hermana-. ¿Estás bien?
-¡Lo estoy! -respondió.
-¡Sal de una vez, es peligroso! -gritó su madre.
Caminaba despacio por el lugar, le era difícil por la poca visión debido a la falta de luz; la calle estaba oscura, todos estaban fuera de sus casas. Llamaban a sus familiares y se reunían en pequeños grupos. Nohemí abrazó a Luisa, se pusieron cerca de la pista mirando hacia todos lados.
-No se puede ver bien, las luces se han apagado -exclamó la madre.
-Ha sido bien fuerte -dijo Luisa-. Afortunadamente todos estamos bien, solo se derrumbó esa pequeña pared. Nohemí te salvaste por muy poco.
No respondió, estaba muy asustada. Su hermano menor le sujetaba la mano. Miraba como se desmoronaban los grupos de gente y luego corrían de un lado a otro. Algunos entraban a sus casas para sacar lo que podían.
-¡Nohemí! -gritó su hermana.
-Ah, lo siento, quedé aturdida.
-¿Dónde habrá sido el epicentro? -dijo su mamá.
-¿Ya llamaste a papá? -le preguntó Luisa.
-Él está bien, seguro horita viene.
Nohemí observó el frío gesto de su madre. Vio que no tenía interés en si le habría pasado algo a su padre. Fueron donde un grupo de personas donde oyeron: “El terremoto fue en Ica, en la provincia de Pisco”.

*  *  *
-¡Es allí! -exclamó Alberto-. ¡Vamos, rápido!
Apresuraron el paso, solo se guiaban por la luz de la luna; tenían cuidado de no tropezar. Los cuatro jóvenes se habían encontrado luego de terminado el movimiento telúrico, habían estado caminado desde su colegio debido a que los transportes no eran posibles. En el camino vieron como varias casas se habían derrumbado y tenían el temor de que a sus familias les hubiera pasado algo.
Llegaron a casa de Alberto que también vivía en San Joaquín, fuera estaban su madre y su abuela quienes se alegraron de verlos a salvo. Antony y Adriel se quedaron buscando allí la manera de comunicarse con sus padres mientras Carlos siguió su camino a casa. Hizo más rápido su paso, las calles eran oscuras, mucha gente transitaba más que de costumbre. Al llegar a su hogar abrazó a su madre que se encontraba fuera junto a sus hermanos. Su padre llegó después porque había ido al colegio a buscarlo. Desde esa noche la gente no entraba a su casa por temor a las réplicas que podrían derrumbar la casa. No había electricidad y no sabían mucho de aquella catástrofe.

*  *  *
-¡No hay más agua por hoy!
El camión emprendió su marcha; todos ya habían llevado por lo menos dos baldes. Pero era la necesidad lo que hacía que la gente buscase más. Carlos cargaba un pesado balde amarillo. Su padre iba adelante cargando otro. Estaba cansado, habían estado varias horas en una larga fila para conseguir un poco de agua.
 
Caminaban de regreso a casa; aún tenían dos baldes vacíos. Cuatro días habían pasado ya desde el terremoto. Oyeron una voz que los llamaba. Era Lizeth junto a su padre que estaba en su auto; se alegraron de que estuvieran bien. Los recogieron y los llevaron a su casa. Luego se ofrecieron a darles agua de un pozo que ellos tenían en Subtanjalla.
Fue en una conversación de Carlos y Lizeth donde se acordaron de Nohemí. Entonces al llegar a casa, el joven iqueño decidió hacer una llamada.
-¡Aló! -se escuchó desde Lurín.
-Hola, ¿Luisa? -Carlos reconoció su voz, aunque esperaba no equivocarse y resultar ser Nohemí-. Soy Carlos ¿cómo estás?
-¡Ah! Hola, estoy bien -contestó sorprendida y aliviada-. ¿Cómo están todos por allá?
-Por aquí todos estamos bien. Nadie de nuestros amigos ha sido afectado por el terremoto. ¿Y por allá cómo está todo?
-Afortunadamente todo bien, lo que sí pasó fue que la pared de la casa vecina casi le cae a la Nohemí, pero no pasó nada grave.
-Ojalá le hubiera caído -susurró Carlos.
-¿Qué? -Luisa no entendió. Nohemí se acercaba sin tomar importancia a la conversación.
-No nada.
-Dijiste algo.
-No, olvídate, mejor dime ¿cómo está ella?
-Se encuentra bien y aquí viene, te la paso.
-No, espérate, no me la pases no quiero hablar con ella.
-¿Por qué? -preguntó muy sorprendida.
-Porque no -contestó bruscamente.
Nohemí prestó atención a Luisa quien con señas y gestos le dijo que era Carlos.
-Pásamelo -dijo emocionada.
-Dice que no quiere hablar contigo.
-¿Por qué?
-Ah, no sé. Dice que no quiere hablar contigo.
Carlos escuchaba la conversación, en el fondo deseaba conversar con su joven amada pero luchaba por mostrarse frío.
-A ver, por fa, dame el teléfono -Nohemí le quita el celular a su hermana y saluda a Carlos quien se queda callado por un momento y luego terminó la llamada.
-¿Por qué me colgó?
-¿Qué habrás hecho pues? -dijo Luisa irónica.

Carlos estaba para presionar el botón verde que decidiría su conversación con Nohemí. Su cuerpo temblaba, la timidez lo rodeaba por primera vez. Entonces llamó y Luisa contestó reclamando:
-Oye, ¿por qué le colgaste a mi hermanita?
-Te dije que no quería hablarle -dijo con firmeza.
-Pero es que ella sí quiere. Desde hace tiempo desea hablarte pero no ha podido.
Carlos pensó detenidamente, se fijó la idea de un nuevo comienzo pero muy dudoso, así que aceptó.
-Hola Carlos, -dijo Nohemí muy alegre-. ¿Cómo estás?
-Hola, yo bien -balbuceaba-. Eh… ¿y tú?
Yo… -dijo con pena-. En realidad… no tan bien, creo que hay cosas que tenemos que conversar, pero ¿es cierto que todos están bien? ¿No les afectó el terremoto?
-No, todos estamos bien. No te preocupes.
-¡Qué bueno!
-Nohemí, ya no tengo saldo para seguir hablando, mejor te llamo otro día.
-Está bien, había perdido tu número de celular por eso no te llamé. Pero ahora que lo sé yo te llamaré.
-De acuerdo, entonces… adiós.
-No Carlos, espera.
-¿Qué?
-Nunca digas adiós, el adiós mata la esperanza de volver a vernos. ¿Y quién sabe? Algún día nos volveremos a ver…
Aquellas palabras grabadas en Nohemí avivaron el sentimiento de Carlos que muy alegre dijo:
-Tienes razón, este es solo un hasta pronto.
-Entonces, hasta pronto, cuídate.
La llamada finalizó, pero la conexión de sus corazones recién empezaba. Carlos y Nohemí empezaban a forjar una historia zurciendo sus corazones.

*  *  *
11 de Setiembre del 2007…

“¿Qué es lo que hace feliz a un joven?”. Pensaba Carlos mientras caminaba por la plaza de armas de Ica. Observaba el andar de la gente, a las parejas, familias y personas que andaban buscando un rumbo. Se sentó en una banca y recostó su cabeza; miraba el cielo, el calor que emitía el sol no era tan fuerte en aquella tarde. Contemplaba las palomas que volaban mientras sentía la brisa fresca que movía las hojas de los grandes árboles.

Se levantó bruscamente al oír el sonido de su celular. Lo sacó del bolsillo y contestó; era Nohemí.
-Hola. ¡Qué sorpresa! -exclamó Carlos.
-¿Cómo estás? -preguntó la joven.
-Estoy bien… -respondió con timidez-. ¿Y tú?
-Más o menos, han pasado varias cosas.
-¿Qué te ha pasado?
-Son muchas las cosas que han pasado, aquí nada es igual. No hay nadie con quien pueda conversar. Extraño muchas cosas, a mis amigos y… te extraño a ti.
-Pero… -Carlos la notó diferente en sus expresiones de voz, percibía un calor semejante al que invadía su cuerpo-. ¿Tus padres, o no tienes amigos por allá?
-No, no los tengo y tampoco los quiero, además mis papás pelean a cada rato y no quiero que se peleen más por mi culpa -Nohemí empezó a llorar, el sonido de aquel llanto conmovió a Carlos poniéndose suave con ella-. Mis padres a veces ni me hablan, ya no me quieren, parece que para ellos ni existo.
-Nohemí… cálmate, mira, si deseas hablar con alguien puedo ayudarte aunque sea en algo.
-Gracias Carlos yo… -escuchó la voz de su papá que la llamaba seguido de sus pasos acercándose a su cuarto-. Disculpa tengo que colgar.
Su papá entró, le preguntó con quién conversaba y ella le respondió que intentaba llamar a Lidia. La miró de forma extraña y se fue.
-¿Por qué habrá colgado? -exclamó Carlos.
Guardó su celular, vio una sombra frente a él que movía sus labios. Entonces recuerdos de un pasado perdido volvieron a su mente…
*  *  *
-Un gusto, mi nombre es Jhoanna.
Era de cabello largo y ondulado, tez blanca, alta y de hermosa figura. Entraba por la puerta de la sala de Carlos quien había hecho una pequeña fiesta en su casa y esperaba algunos invitados.
-Pasa eres bienvenida -dijo Carlos a la joven que fue invitada por una de sus primas.
-Te noto contento -dijo Gabriela que estaba a su lado y dando la bienvenida también.
-Lo estoy, es por eso que decidí organizar este esparcimiento.
-¿Y eso a qué se debe?
-Pues, a nada en especial, solo estoy alegre.
-¿Será por la chiquilla de Lima?
-No para nada, no he conversado con ella desde setiembre.
-Pues así es mejor.
Carlos la miró y no sabía si darle la razón. Seguían dando la bienvenida y ya estaban llegando casi todos. Lizeth se acercó y le preguntó por Nohemí, él solo le supo decir que estaba bien. Luego de unos minutos la fiesta comenzó. Carlos sacó a bailar a Jhoanna quien aceptó, entonces empezaron a conversar y a conocerse formando una nueva amistad.
-¿Es linda no? -susurró Oscar mirando a Jhoanna.
-Pues sí, lo es -contestó Carlos.
-Veo que ya se hicieron buenos amigos -intervino Lizeth quien acababa de bailar.
Oscar estudiaba con Lizeth en un colegio cerca a la casa de Carlos; de inmediato los tres empezaron a llevarse muy bien.
Aquella noche, todos allí estaban contentos, pues, luego de aquel trágico terremoto, no se habían divertido tanto. Aquel día fue una alegría para sus corazones.

*  *  *
07 de Noviembre del 2007…
(12:00 PM)
-¿Y eso es todo? -preguntó Carlos.
-Sí -afirmó Nohemí-. Gracias por escucharme. Me siento bien cuando hablo contigo
-Sí, claro.
Habían conversado ya unos diez minutos, Nohemí le contó brevemente las dificultades que había pasado. Carlos la escuchó con mucha atención, pero en el fondo de sus sentimientos había un chasquido de recuerdos. No había olvidado la vez en que ella lo trató mal. La joven se dio cuenta de eso y dijo:
-Carlos yo sé que, cuando estuve en Ica, te hice daño. Discúlpame por no creerte. Pero fui una tonta y ahora sí te creo, por favor perdóname.
-Nohemí prefiero no hablar de eso -dijo disgustado.
-Mira, sé que empezamos mal pero, quisiera que empezáramos de nuevo -persistió.
-¿A qué te refieres?
-A que seamos amigos pero sin rencor de nada.
-Ya, ya, ya. Si quieres ser mi amiga… ya pues, si eso quieres -Carlos miraba el reloj, tenía que alistarse ya para ir al colegio.
-Pero no de esa forma.
-Nohemí… -hizo una pausa. Seguía mirando el reloj. Su comportamiento de rechazo era más real que simulado-. Tengo que ir al colegio. Hablamos otro día.
-Está bien, hablamos luego. Cuídate.
Finalizó la llamada. El joven iqueño se alistó para ir al colegio y salió de casa. Cuando iba a tomar el micro como de costumbre, vio pasar a una joven pareja. La chica llevaba puesto el buzo del colegio Julio C. Tello, Carlos la observó y se quedó mirándola como si la conociese; ella hizo lo mismo, le sonrió y siguió su camino.
Toda la tarde en clases, pensaba en volver a conversar con ella mientras sus palabras de disculpa rezumbaban en su oído; sus compañeros lo veían distraído. Al acabar las clases salieron como de costumbre a tomar un colectivo para irse. Sus amigos cruzaron la pista mientras Carlos, al andar sin cuidado, demoró un poco y cruzó tras ellos con la cabeza baja y pensando. Fue entonces cuando sintió el fuerte impacto de un auto. Se escuchó un fuerte ruido que alertó a sus compañeros que voltearon de inmediato. Estaba en el suelo boca abajo en medio de toda la pista, cerrando poco a poco los ojos mientras la sangre cubría su rostro.
-¡Llamen a una ambulancia! -exclamó Alberto
Se le acercaron. El tráfico se detuvo mientras algunos curiosos se asomaban y formaban un círculo.
-¡No reacciona! -dijo Antony que lo palpaba.
-Voy a avisar a su papá -dijo Felipe.
La avenida Matías Manzanilla se había detenido por aquel accidente. Felipe estaba en la esquina de la SUNAT tratando de llamar desde un teléfono público a los padres de Carlos, quien ya había cerrado sus ojos y perdido el conocimiento…

-Es como un presentimiento, uno malo -Nohemí estaba en la ventana de su casa junto a Luisa. Tenía el celular en la mano; ya había intentado llamarlo tres veces y Carlos no había contestado.
-Son ideas tuyas -dijo su hermana-. No pasa nada.
-Ay Luisa, no sé, me siento extraña, angustiada.
-No le tomes importancia. Yo ya me voy al parque, mi amigo Wilson me quería ver para algo.
-Ah, ¿ése que me presentaste esa vez que estudia en el mismo colegio que yo?
-Sí, ese chico. ¿Qué te pareció?
-Pues, muy feo y presumido al decir que su familia tiene mucho dinero.
-Bueno, es hijo único, además es un quinceañero y está en toda la etapa de inmadurez.
-Pero no me gusta. En el colegio está atrás mío y me observa mucho.
-Te formas muchas ideas niñita. Ya me tengo que ir, vengo más tarde, dile a papá que no demoro.
Luisa salió de casa mientras Nohemí seguía preocupada. Era aquella conexión que se forjó involuntariamente lo que hacía sentir lo que el otro pasaba.

“¿De quién son estas manos?”-pensaba Carlos.
Las observaba con detenimiento, no distinguía bien debido a que sus ojos le dolían. “Son mías” -afirmó. Estaba inconsciente; fue aquel golpe lo que hizo que tuviera un sueño. Se preguntaba dónde estaba. Atrás de él vio a una joven llorando, se acercó, y al voltear ella su rostro, vio a su joven amada, estaba cubierta de lágrimas, la joven lo miró y le acongojó su corazón.
-Por favor, perdóname por todo lo que voy hacer. Y no me guardes rencor… yo… -Nohemí lo abraza mientras las gotas ardientes que procedían de aquellos
 hermosos ojos negros quemaban su cuerpo.
-¿De qué hablas? -dijo Carlos mientras con sus manos la tomó de sus hombros y se liberó del abrazo para ver su rostro.
-Adiós -dijo con melancolía la joven.
-Espera ¿por qué dices eso?
Aquella figura de su amada empezó a alejarse mientras él corría desesperado extendiendo su mano para alcanzarla cuando, de pronto, sintió una pequeña molestia en su pierna que lo despertó.
Se encontraba en el hospital; vio por la ventana que era ya de noche. Su madre estaba a su lado y se alegró al verlo despertar e inmediatamente llamó a su esposo; había estado inconsciente una hora. Tenía el pie izquierdo enyesado y unos cuantos golpes en su cuerpo que no fueron nada grave.
-¿Qué fue lo que pasó? -interrogó el joven a su madre que alivió su preocupación.
-Hijo, un auto te atropelló, pero descuida, todo está bien. Solo te has lastimado el tobillo, pronto te recuperarás.
Carlos pensó por un momento cómo pudo perder su vida. Así que abrazó fuertemente a sus padres.
 Horas después regresó a casa y al estar en su cama prendió su celular; entonces se acordó de Nohemí, de lo que hablaron y de lo que soñó. Fue allí cuando le llegó un mensaje de la joven arequipeña pidiéndole disculpas por el problema que hubo cuando estuvo en Ica; en seguida le respondió diciéndole que la perdonaba. Trató de recordar cada instante de aquel sueño que tuvo en su inconsciencia; tomaba una taza de café y luego leía los mensajes de su celular. Se armó de valor y decidió llamar a Nohemí quien de inmediato le contestó muy alegre diciendo:
-¡Qué bueno que llamaste! Yo lo he estado haciendo desde la tarde, ¿estás bien?
-No vas a creer lo que ha pasado.
-¿Qué pasó? -preguntó con intriga mientras se encontraba sentada en su cama comiendo un beso de moza. Había cerrado la puerta por temor a que su padre la sorprendiera conversando.
-Tuve un accidente…
-¿Qué? -dijo sorprendida mientras dejaba de comer-. ¿Cómo que un accidente?
-Sí, me atropelló un auto.
-¡Qué! ¿Cómo que…? ¿Dónde estás?
-Ya estoy en mi casa.
-¿Pero cómo te pasó?
-Salía del colegio, estaba distraído y cruce la calle, fue ahí cuando me ocurrió el accidente.
-¡Cómo que distraído! ¡No puedes ir por la calle, así distrayéndote!
-Lo sé, ya me lo han dicho.
-Pero dime ¿estás bien?
-Bueno, solo se rompieron los ligamentos de mi tobillo, uno que otro golpe y me enyesaron la pierna izquierda -dijo el joven mirando su extremidad maltratada.
-Lo lamento, eso debe doler. Pero ¿por qué estabas distraído?
-Estaba… pensando.
-¿Pensando? ¿En qué?
-Pensaba en… -Carlos hace una pausa. No sabe si decirle la verdad. Cierra los ojos y continúa-. En ti.
Nohemí se quedó callada; suelta lo que comía dejándolo en su cama.
-¿En mí? -dijo la joven-. Pero ¿por qué?
-Mejor dicho, en lo que hablamos en la mañana.
-Carlos, yo lamento lo que pasó, si esa vez no te creí, te insulté y te traté mal, por favor te pido que me perdones.
-Nohemí… no te preocupes, ya pasó -dijo alegre.
-Perdóname.
-Está bien te perdono y sabes, sí me gustaría que fueras mi amiga.
-¿De verdad?
-Sí, y una buena amiga.
-¡Gracias! No me sentía bien desde aquel día.
-En realidad yo tampoco.
La rencilla que había en sus corazones desapareció haciendo que el lazo de ambos se hiciera más grande.

*  *  *
-Ya han pasado quince días ¿No te sientes aburrido? -dijo Lizeth que estaba a su lado.
-En parte sí -contestó Carlos-. Pero siempre es bueno un momento de relajación.
-Creo que también me accidentaré -intervino Oscar-. Mucha tarea me aburre.
Estaban en el cuarto de Carlos quien estaba echado. Lizeth estaba a su izquierda sentada en una banca amarilla y Oscar sentado en la cama; habían salido de su colegio en la hora de recreo para visitar a su amigo. Venían todos los días a esa hora y antes de retornar a casa.
-Bueno, yo me adelanto -dijo Oscar mientras salía.
-Oye Carlos, ¿qué sabes de Nohemí?
-Está bien, ahora converso más seguido con ella.
-¿Y sigues sintiendo lo que me contaste?
Carlos la observó con detenimiento a los ojos y con una sonrisa le contestó:
-Cada día aumenta más...
Dos días después, a Carlos le quitaron el yeso y poco a poco reanudaba sus actividades. Así fueron pasando los días, las tardes y por las noches, Carlos y Nohemí solían conversar. Y entre aquellas inmemorables conversaciones de dos grandes amigos llegó diciembre.

*  *  *
09 de Diciembre del 2007…
(6:30 PM)
-No Wilson, y ya deja de molestarme.
-Pero Nohemí yo te quiero, conmigo vas a ser muy feliz, te lo daré todo, ¡por favor! -rogaba mientras corría tras ella.
-Pues yo no te quiero y ya vete -Nohemí estaba por llegar a su casa, había salido a comprar cuando se encontró con Wilson quien todos los días le suplicaba para que sea su enamorada.
-Está bien, me voy, pero algún día me vas a querer Nohemí. Nos vemos, cosita linda -Wilson se va mientras hace la seña de un beso y Nohemí llega a la puerta de su casa donde se encontraba Luisa
-¡Ay que cargoso este mocoso! -exclamaba fastidiaba Nohemí en tanto se detuvo en la puerta.
-¿Qué quería Wilson? -interrogó Luisa.
-Ay para fastidiando no más.
-Mmm, se nota que está templadazo de ti, uy, uy, uy, estás de conquistadora.
-Oye cállate ya. Además, yo no lo quiero a él -dijo molesta mientras entraba a su casa y Luisa tras ella.
-¡Ah claro! Pero a Carlos sí ¿verdad?
-Ah… este... -Se detuvo bruscamente.
-¡Ah! La Nohemí se ha enamorado, pero a papá no le va a gustar eso.
-Lo sé, pero ya cállate y mejor voy a llamar a Carlos antes que venga mi papá.
Entró a su cuarto y lo llamó.
-Hola Nohemí ¿qué pasó? -contestó de inmediato.
-Bueno, ando un poquito molesta.
-¿Molesta? ¿Por qué?
-¿Te acuerdas que te conté de Wilson?
-Sí, recuerdo que me dijiste que te fastidiaba a cada momento, ¿qué pasó con él?
-Es que, se me declaró.
-¡Qué! -Carlos se sobresaltó y asustó un poco-. Pero tú no le aceptaste ¿verdad?
-Claro que no, además yo no lo quiero, yo… quiero a otro chico.
-¿Así? Y puedo saber quién es ¿o no?
-Es alguien que no está aquí. Está lejos de mí y lo extraño.
-Y a pesar de eso, ¿sigues sintiendo algo por él?
-Sí, lo quiero bastante, cuando estaba a su lado sentía algo bonito… raro… aquí dentro mío.
-Vaya… eso no es solo un gusto.
-Creo que es algo más y…
-¡Nohemí, mi papá ya viene! -gritaba Luisa mientras entraba al cuarto de su hermana.
-Carlos disculpa, pero mi papá ya viene. Te llamo más tarde.
-Claro, yo justo iba a salir.
-¿Así? ¿A dónde?
-A una fiesta donde Oscar, el amigo que te conté.
-Pero tú estás mal de tu tobillo.
-No, nada que ver, ya estoy bien.
-Ten cuidado, no hagas locuras, ya tengo que colgar, cuídate bastante.
-No te preocupes, estaré bien.
-Te llamo cuando llegues en la noche.
-Está bien, cuídate, chau.
-Chau, amiguito.
La llamada finalizó. Carlos se alistó para salir a la fiesta de Oscar. Mientras Nohemí se quedó pensando en él…
-Carlos ¿qué haces aquí? Tú estás mal -exclamó Lizeth que le abrió la puerta.
-No, ya estoy bien -replicó el joven.
-No, nada de que estoy bien. No vas a bailar.
-Ya, ya. No te preocupes Lizeth todo estará bien.
Entraron a la casa, se sentaron y él le empezó a contar lo que habló con Nohemí hace unos momentos; minutos después la fiesta empezó y Carlos salió a bailar. Lizeth perdió las ganas de divertirse, se preocupaba por él siempre y no le gustaba que bailase estando mal.
-¿Qué te pasa? -interrogó Carlos que se acercó a Lizeth.
-Es que… estoy preocupada por ti, por tu accidente, por tu lesión.
-Pero ya estoy bien.
-No, no lo estás y mejor ya deja de bailar.
-Pero mira -siguió Carlos mientras saltaba-. Estoy bien, en serio.
-Carlos… tú siempre estás mal de algo, tengo miedo de que te pase… algo malo -Lizeth agachó la
cabeza y sentía ganas de llorar. Carlos se percató de aquello, entonces sonriente dijo:
-Todo está bien Lizeth y ya no voy a bailar, me voy a quedar sentado a tu lado.
-Carlos sabes -alzando la mirada hacia él-. Eres mi mejor amigo y yo… siempre quise tener un hermano mayor y tú… tú eres como ese hermano. Mi hermano.
-Pues sabes, yo también quise una hermana menor y… tú eres mi hermanita. Y te quiero mucho… hermanita.
-Yo también Carlos, mi hermanito. Te quiero mucho.
Se abrazaron y siguieron conversando. Lizeth era una gran persona y una gran amiga, nunca le falló, no se imaginan cuán importante era para Carlos.

Al acabar la fiesta Carlos regresó a su casa. Y estando en su cuarto recibió la llamada de Nohemí
-Hola Carlos ¿ya estás en casa?
-Sí ya llegué.
-¿Qué tal? ¿Cómo te fue?
-Me fue bien. Dime ¿tú papá no te dice nada por hablar conmigo?
-No, me encerré en mi cuarto, pero dime ¿cómo te fue en la fiesta?
-Estuvo muy bonita y sabes… la amistad entre Lizeth y yo ha crecido bastante, ahora me llama hermanito y yo también le digo hermanita.
-Vaya ¡Qué bueno! ¡Quién como ella que está cerca de ti!
-Estoy muy contento por eso, pero dime Nohemí y tú ¿cuándo vienes a Ica?
-No lo sé, mi papá no quiere que vaya para allá, pero no sabes las ganas que tengo de ir -expresó la joven con mucho anhelo. Lo soñaba todos los días; revivir aquellos días donde aún era feliz.
-Pues, haz lo posible por venir.
-Sabes, ahora vino mi tío de Arequipa y vio todos los problemas aquí, en mi casa, y posiblemente me lleve con él a Arequipa, al menos por un tiempo. A mí y a mi hermanito. Para que no veamos las peleas de mis padres.
-¿Arequipa? Y ¿qué familiares tienes allá?
-Mis tíos y mi hermano mayor.
-Bueno, es lo mejor, así te sentirás bien. Y ¿cuándo viajas?
-No sé, mi tío va hablar con mi papá, y ya veremos si me deja.
-Es mejor.
-Dime ¿tienes saldo?
-No, no tengo.
-¡Ay! Ya se me está acabando el saldo para seguir conversando.
-¡Qué cólera!
-¿Y ahora?
-¿Has escuchado de la supercarga noche?
-Sí, se usa para hablar varias horas por la noche. Es una buena promoción de Movistar.
-Mañana me compro una y conversamos.
-OK amiguito, cuídate, ya tengo que colgar.
-Está bien, tú también cuídate y… -Carlos se queda callado un momento. Deseaba mostrar lo que se desarrollaba en lo profundo de su ser. Pero sentía miedo del rechazo. Entonces lo camufló diciendo: te quiero mucho, amiguita.
Nohemí quedó callada, su corazón interpretó el
verdadero mensaje de Carlos; sonrió y emocionada respondió:
-Yo también te quiero amiguito, te cuidas mucho.
Por primera vez Carlos pudo percibir un sentimiento de parte de Nohemí. Aquel día los hilos del amor juvenil terminaron su labor y el lazo que los sujeta quedó firmemente establecido.
-Hasta pronto -dijo Carlos.
-Hasta pronto. -dijo Nohemí-. Te quiero…

                                   *  *  *
-Está bien no te preocupes. ¿Me acompañas a tomar una moto? -Gabriela da media vuelta y camina cerca de la pista; Carlos sale de la puerta de su casa y la acompaña. Se despiden y luego la joven se va en una moto taxi. Él se queda parando observando; ha recordado su niñez y pensaba en los viejos juegos en los que participaba. Entró a su casa y se dirigió a su cuarto. Allí recibió como ya hecho costumbre, la llamada de Nohemí quien preguntó:
-¿Qué pasó, aceptaste?
-No, no le acepté.
-Bueno, fue tu decisión. ¿Y qué te dijo?
-Que ya no participaría pues no tenía pareja de promoción. En sí me dio pena pero, no tengo los ánimos para salir con ella.
-Al menos le hubieras pedido unas disculpas.
-Lo hice, pero bueno, ya no deseo hablar de eso.
-Está bien. Entonces dime, ¿aprobaste tu año?
-Por supuesto, el tercer grado fue algo, digamos… difícil y con muchas sorpresas. Con el terremoto y mi lesión me la he pasado más en casa que en el colegio.
-Es cierto, han pasado muchas cosas. Mi primer año en la secundaria fue parecido, con el terremoto y Wilson fastidiando, fue algo chistoso.
-¿Así? A ver cuéntame algo para reírme un rato.
-Será algo largo…
Cada día percibían como sus sentimientos crecían; era la frecuencia de conversaciones como estas lo que ocasionaba la evolución del amor entre Carlos y Nohemí. Lo mismo que pasa en nuestros tiempos con nosotros los jóvenes. Estamos en la etapa en la que nuestro corazón es como una esponja. Absorbemos rápidamente algo y de igual manera rápido se va. Pero hubo aquí algo diferente, pues lo que empezó lentamente, tendría un final desconcertante.
Los días del 2007 pasaron más rápido de lo esperado al igual que el mes de enero del siguiente año. Todo aquel tiempo los jóvenes mantuvieron su lazo a pesar de la distancia gracias a sus celulares y las promociones de Movistar.

*  *  *
01 de Febrero del 2008…

-Es lo mejor para ambos, debes dejar ir a los dos -repetía el tío.
-A ella llévatela si quieres, pero él se queda. Ya lo decidí, así que no insistas -dijo el padre de Nohemí saliendo de la casa mientras el sol se ocultaba.
Nohemí había estado escuchando toda la conversación desde la puerta de su cuarto. Al notar que su padre se fue cerró la puerta, se sentó en la cama, cogió su celular que estaba allí y llamó a Carlos.
-Hola Carlos ¿cómo estás?
-Hola, bueno un poquito me duele mi tobillo, pero no importa.
-¡Cómo que no importa! Tienes que cuidarte ese tobillo.
-¡Ay ya! Pero dime, ¿cómo van tus arreglos para tu viaje? -Carlos que se encontraba en su cuarto parado cerca de la puerta; va a su cama y se echa.
-Bien, viajo este jueves, pero solo voy con mi tío porque mi papá no dejó que mi hermanito fuera conmigo y eso me puso muy triste.
-Ay amiguita, ya no te pongas triste porque si no yo también me voy a poner así.
-Está bien, ya no voy a estar triste y mejor cuéntame algo.
-Pues, a ver, te voy a contar de alguien a quien yo quiero mucho pero… no como amiga, sino como algo más.
-¿Así? ¿Y la puedo conocer?
-Ya la conoces y mejor que yo, es alguien que no está aquí, se fue hace casi un año.
-Y ¿cómo se llama?
-Ah, eso no te lo voy a decir, chismosita.
-Ya pues al menos dime cómo empieza su nombre, con qué letra.
-Mmm, con una consonante.
-Ay oye, bueno, cuéntame más de ella.
-Pues, es alguien que una vez me hizo un daño, pero ya la perdoné y con el tiempo la estoy queriendo cada vez más. A pesar de la distancia y el tiempo.
-Vaya, eso no es solo un gusto.
Nohemí sospechaba que era ella y sintió un gusto inexplicable. Entonces dijo:
-Sabes Carlos, yo también te quiero contar de un chico que quiero.
-Ah sí, recuerdo que una vez me lo mencionaste, ¿lo sigues queriendo verdad?
-Sí y mucho.
-Cuéntame de él.
-Es de Ica, y cuando estuve allá le hice un daño. Pero él ya me perdonó y ahora las cosas van bien entre nosotros. Aunque estamos lejos y no nos veamos, yo lo sigo queriendo y cada vez siento algo más fuerte por él.
-Vaya y ¿piensas decirle algo?
Nohemí se recuesta en su cama y abraza un oso de peluche que estaba ahí. Entonces dice:
-No lo sé, no sé si me quiere.
-Pues yo creo que sí te quiere y mucho.
-¿Por qué estás seguro?
-No sé, solo… lo sé.
Carlos también sospechó que se trataba de él y se puso muy contento. Pero ninguno tenía el valor de decir lo que en verdad sentían.
-Oye dime algo, su nombre empieza con c y termina en s, ¿verdad?
-¡Ah! -dijo sorprendida la joven mientras se sentó-. No sé…
-¡Cómo qué no sabes! Ya pues dime.
-Sí, empieza con c y termina en s, pero el hecho que sepas con que empieza y termina su nombre, no significa que sepas cómo se llama, ya tontito, mentira amiguito, te quiero mucho. Y la de la chica empieza con n ¿o no?
-Sí, empieza con n.
-Mmm y ¿dónde está?
-¡Ah! Creo… creo que ella está en Lima.
-¿Así? Ojalá algún día me la encuentre para chismosearle que la quieres.
-Te invito a hacerlo...
-Si lo haré, no te preocupes tontito, je, je, je.
Ambos empezaron a reírse. Luego de un momento, terminaron de hablar y cada quien regresó a sus rutinas. Pasaron unos días y llegó el día en que Nohemí viajaría a Arequipa.

*  *  *
07 de Febrero del 2008…

Su abrazo era frío, ya no percibía aquel calor del padre cariñoso que siempre tuvo; lo dejó de abrazar. Nohemí ahora abraza a Luisa mientras su papá va fuera de la casa donde estaba el tío de ellos a quien le susurra algo. La joven coge su mochila y sale de Lurín junto a su tío…

El sonido del balón que rebotaba se escuchaba por el pasadizo. Había estado jugando solo pero no por mucho tiempo; el dolor en su tobillo lo hizo regresar más temprano que de costumbre. Pensaba en Gabriela, hace ya mucho que no jugaba con ella. Luego de haberle negado ser su pareja de promoción ya no se juntaban como de costumbre. Llegó a su casa y entró a ella; allí estaba una de sus primas que los visitaba. Entró a su cuarto y se encerró en él. Eran alrededor de las diez de la mañana cuando recibió la llamada de Nohemí quien le contó sobre su viaje.
-Sí, más o menos a las once el ómnibus va a parar en la agencia de Ica -dijo la joven viajante.
-Oye y si voy para allá ¿nos podremos ver? -interrogó Carlos con entusiasmo.
-¡Claro! Oye anda por fa, para verte.
-Sí, voy a ir pero ¿a qué agencia?
-La agencia “Flores”.
-Entonces me cambio y voy. Nos vemos amiguita.
-OK… uy que emoción, nos veremos.
Ambos dan por terminada la llamada; estaban muy emocionados pues se verían luego de mucho tiempo. Carlos empieza a listarse rápidamente mientras balbuceaba lo que deseaba decirle al verla. El tiempo no sería mucho, así que pensaba decirle lo más importante. Luego de varios minutos salió de casa con permiso de sus padres y fue a la agencia. Fue en el camino cuando se le ocurrió ir a una tienda para comprar un obsequio a su joven amada.
El ómnibus llegó a Ica, Nohemí bajó y empezó a mirar para todo lado buscando a Carlos sin hallarlo así que pensó:
-Vaya Carlos ¿dónde estás? Bueno el carro se va a quedar media hora.
-Oye Nohemí -dijo el tío que bajaba del ómnibus.- Me quedé dormido y olvidé decirte que el carro solo se quedará unos minutos.
-¡Qué! Pero…
-Lo siento -dijo sonriente. Dentro de unos momentos subes.
Su tío regresa al ómnibus en tanto Nohemí saca su celular del bolsillo y llama a Carlos.
-Carlos ¿dónde estás?
-A unas cuadras.
-El ómnibus se va en cinco minutos.
-¡Qué! Pero me dijiste media hora.
-Sí, eso dijeron pero no sé qué pasó y se va en cinco minutos ¡Date prisa! -ambos terminan la llamada.
Carlos empezó a correr hasta que…
-Gwa -exclamó con mucho dolor mientras se detenía-.Mi tobillo ¿por qué me duele?
Empezó a caminar y el dolor era tanto que no podía; pero no le importó, pues su anhelo de verla lo forzó a caminar.
¡Nohemí sube! -gritó el tío desde la ventana del ómnibus.
La joven subió muy despacio con mucha tristeza. Se sentó y recibió la llamada de Carlos.
-Ya… ya llegué -dijo muy agitado.
-El carro ya salió.
-¿Qué? Pero… creo que lo estoy viendo, está a dos cuadras.
-Sí, así es-. Nohemí trata de abrir la ventana del ómnibus pero no pudo. Fue en ese momento cuando ambos sintieron por primera vez la frustración de no poder verse. Entonces sintieron ganas de llorar.
-Nohemí… discúlpame pero… yo de verdad quería verte y lamento haber llegado tarde. Pero en el camino me dio un fuerte dolor en mi tobillo y me hizo demorar.
-Yo también deseaba verte y no te preocupes no es tu culpa. No te pongas triste sino yo me voy a poner igual.
-Bueno, no te preocupes ya nos vamos a ver pronto -expresó sonriente y con esperanza.
-Sí, algún día, muy pronto… bueno tengo que cortar, te llamo cuando llegue.
-De acuerdo… hasta pronto.
-Hasta pronto.

Carlos caminaba por el centro como de costumbre y a pesar del dolor en su tobillo, llegó hasta la Plaza de Armas para meditar un momento al igual que Nohemí también meditaba en su viaje y pensaba mucho en su joven amado…

Bajó lentamente, su vieja mochila era parte de los tantos recuerdos de Arequipa, la tierra que la vio crecer diez años. Su opacado rostro era alumbrado por las luces de la ciudad. Sus ojos empezaban a retomar el brillo de la alegría al ver aquellas calles por las que solía andar. Al entrar a casa de su tío, su prima María la recibió con un fuerte abrazo y ambas empezaron a llorar. Su hermano mayor que vivía cerca también estaba allí para darle la bienvenida. Estaba emocionada, aquella noche fue solo de conversación.
Pasaban los días…
Las conversaciones por celular entre Carlos y Nohemí eran con más libertad. Se extendían hasta largas horas de la noche. Bajo la luz de la luna los jóvenes construían su amor aún sin ser expresado. Un amor a distancia.
 *  *  *
11 de Marzo del 2008…

La flor de la juventud, la etapa más maravillosa de la vida; en la cual uno empieza a descubrir el mundo y sus realidades. Fue en esa etapa en la que estos jóvenes empezaron a sentir una gran atracción el uno por el otro. Por las madrugadas, luego de largas conversaciones entre risas y cantos, ambos se preguntaban qué era realmente lo que sentían. Entonces sus ojos se cerraban y viajaban a un mundo que terminaba de construirse. Un
lugar a donde ellos viajarían todos los días.
-¿Por qué no se lo dices? -repetía María.
-Ya te dije -decía Nohemí-. Mi papá se molestaría mucho si se entera, no sé cómo reaccionaría.
-Pero él no se va a enterar.
-Y si Carlos no me quiere.
-Con todo lo que me has contado se nota que sí. Si se escucha en su voz cuanto te canta, es tan romántico -expresó con delicadeza.
-Es cierto, me gusta muchísimo cuando me canta, su voz alivia mi tristeza, es tan...
-Ya ves, si le gustas. Anda llámalo -María saca el celular del bolsillo del pantalón de su prima y se lo da.
-Horita debe de estar en clases. Además no tengo mucho saldo y... -Nohemí baja la mirada, camina y deja el celular en la mesa de la sala en tanto María la sigue.
-¿Pero qué?
-Me gustaría que eso fuera personalmente.
-Pues eso no se va a poder por el momento. Quizá sea algún día, muy pronto.
-Espero poder conversar en la noche. Ahora, deseo dormir un rato…

Eran las diez y treinta de la noche. Carlos estaba en su cuarto, acostado en su cama, cansado de aquel día de clases. Había intentado reingresar a la selección de baloncesto, pero se lo habían impedido; se sentía triste y frustrado. Llamó a Nohemí y le contó lo que había pasado. Ella estudiaría en Arequipa en un colegio no escolarizado dentro de unos días. Fue en esta conversación donde abrieron más sus corazones.
-No te preocupes -decía Nohemí-. Todo estará bien, verás que te elegirán pronto y ya no te pongas triste porque si no me voy a poner igual.
-Lo haré. Sabes Nohemí... -Carlos hace una pausa, se sienta en su cama y sigue-. Cada vez que me siento mal o triste tú estás ahí, conversando conmigo y me haces sentir muy bien.
-Eso debo decírtelo yo Carlos, me ayudas bastante cuando hablo contigo y sobre todo cuando me cantas… me haces olvidar mis problemas.
-Nohemí a pesar de la distancia somos buenos amigos, ¿verdad?
-Claro que sí. Eres mi mejor amigo y gracias por estar a mi lado, claro en sentido simbólico, al igual que yo estoy a tu lado.
-Te quiero mucho… amiguita.
-Yo también te quiero muchísimo.
-¿Así? Pero yo más.
-No, yo te quiero más.
-No, yo.
-Ah estás bien mal, yo te quiero más amiguito, un montononazo.
-Anda loquita.
-¿Cómo que loquita? Tú serás loquito.
-Je, je, je, es una bromita, no te amargues.
Una ola de alegría vino hacia ambos, sus sentimientos entonces despertaron y ambos percibieron el primer destello de amor.
-Nohemí…
-¿Qué pasa?
Quería contarte algo.
-Dime…

En ese momento, las palabra que intercambiarían, cambiarían para siempre la vida de ambos…

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